
Te cuentas la misma mentira de siempre,
estás bloqueado y entras en pánico.
Pero tú, en ese silencio donde nadie te juzga, sabes que no hay ninguna fuerza mística deteniéndote.
A nivel de tu subconsciente, simplemente no te da la gana de escribir. Tus ideas se agotaron, la máquina está vacía y estás forzando un motor que no tiene combustible.
Lo que sientes no es una sequía creativa, es una colisión de autoridades. Tu pensamiento choca contra un muro invisible de tu capa social —esa voz que calcula, y te fuerza a producir cuando en realidad tu mente pide descansar, refrescar los drivers.
Caes en esa trampa silenciosa de la ingeniería social que te obliga a ser productivo a no permanecer inactivo por mucho tiempo. Porque la capa social se nutre de la productividad para alimentar la maquinaria y no comprende que la capa creativa tuya, que es caótica, libre y que necesita desesperadamente el error para poder respirar.
Al final dejas de ser un escritor para convertirte en autor de las necesidades de otros.